Buenos días Lisboa. Hoy he quedado con Pablo para ver la Feira da Ladra, una especie de enjambre de pequeños puestos especializados en... como decirlo... Cosa. Casi cualquier cosa se vende y se compra en Ladra, desafiando incluso a la propia imaginación ( dan fe de ello algunas de las imágenes). La comitiva ya empieza a ser familiar; Pablo, Martina y yo.
Toda la ciudad esta inundada de luz, un suave olor de castañas recorre el aire, son los viejos castañeros. Como bien dice Pablo; las personas de la calle tienen la misma pátina que la propia urbe, capas sobre capas, harapos que construyen con el tiempo, remiendos imposibles.
Llegamos los tres a Ladra, en el corazón de Alfama. Nos pasamos horas perdiéndonos y reencontrándonos, entre chiringuitos, puestos y mantas, tesoros en cada esquina, auténticas reliquias. Todo acompañado de un suave fado que sale de cada transistor, griterío.
Mediodía. Cierra la feria. El sábado volveré. Me espera una pequeña cruz de plata.
Callejeamos, hacemos un rato el flâneur, Lisboa es espectacular, cada rincón te cuenta una historia. Pablo nos propone ir a comer a su casa. Perfecto.
De camino, paseando por la orilla del Tajo, encontramos a un cordobés, de nombre Miguel, que trabaja de gorrilla en una pequeña plazoleta, ésta está totalmente organizada a modo nipón , no entra ni un coche más, nos cuenta que lleva trabajando de eso mucho tiempo, ha recorrido varios países. Nos enseña su faceta más escultórica, en la fotografía veréis lo orgullos que posa al lado de su obra de mármol.
Seguimos.
En plaza Figueira compramos algo de verdura y unas cervezas, cruzamos la delicada Moreria y llegamos al ático de Pablo.
Una escalera retorcida y oscura nos da la bienvenida, y tras subir unos cinco pisos entramos en el pequeño apartamento, cuco, con unas vistas sobre la ciudad dignas de cualquier mirador. Las claraboyas empiezan a espetar, llueve de nuevo en Lisboa, a la vez que el día da paso a la noche.
Tomamos un te y decidimos ir a ver a Lino al estudio de pintura. Al llegar estaba cerrado, había vuelto por unos días a Angola por un proyecto de arte.
De vuelta al hostel por la imponente avenida Liberdade, me da tiempo a reflexionar.
Un gran día el de hoy
Noviembre de 2012, fuí galardonado con una beca de viaje internacional por The Reynold's Foundation. durante 9 meses viajaré por la vieja y decadente europa, pintando, experimentando, paseando y viviendo. este blog hace y hará las veces de diario de bitácora online... bienvenidos y buen viaje
martes, 27 de noviembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Día 16: la ciudad de las 30 ciudades
Amanece en Lisboa, por fin unos rayos de sol calientan las calles. Tras desayunar como cada día un zumo de naranja, unas tostadas y un buen café, cargo la cámara y me lanzo a la calle. Hoy me acompaña Martina.
Tras salir nos detenemos en unos puestos ambulantes de tesoros de otros tiempos, rebuscando rebuscando he encontrado una maravillosa caja oxidada donde aún se le la comida serigrafía "Rebuçados Mitílicos, contra a tosse. FARMACIA CENTRAL.Oporto" esta cajita es para Inma, le encantara. La compro.
En un quiosco de la plaza tomo un café, veo como un hombre limpia el ojo de su perro, le pregunto y me cuenta que su amigo esta un poco enfermo, pero estará bien. Tierna imagen...
Seguimos el paseo, paramos en un viejo horno y compramos esas especies de súper croquetas de pollo y queso, brutales. Mi primer objetivo es llegar a un conjunto de tres edificios abandonados que han sido intervenidos por las Hollywood atrás del grafiti; Os Gemēos, Blu y San entre otros. Realmente se trata de un trabajo muy interesante, teniendo además en cuenta que están en pleno distrito financiero de la ciudad.
Seguimos paseando por mil barrios, cada uno con un carácter muy marcado, que hacen que Lisboa parezca mil ciudades. La ciudad se hace a pie.
Cuando llegamos al barrio de Anjos recuerdo que Bruno, un simpático portugués vive por allí, lo llamo y se une junto a Nelson, el Almirante Nelson a nuestra comitiva.
Bruno siempre se ríe, contagioso, vivaracho, me recuerda muchísimo a mi amigo Juanlu de Benasau.
Nos llevan al mirador de Graça donde nos reunimos con un grupo de amigos suyos. Es genial estar con nativos. Aprovecho este rato para pintar sobre lo primero que encuentro, una litrona vacía.
Al rato nos proponer ir a visitar un huerto urbano bastante próximo, con unas vistas brutales de la ciudad. Llegamos allí, y entre rábanos, acelgas, lechugas y tomates vemos como el sol empieza a bajar, a esconderse entre unas bajas nubes tras el puente del 25 de Mayo. Reímos, charlamos, y quedamos en visitar juntos el conjunto de villas de Sintra, que mejor que hacerlo con locales,. Aún me quieren enseñar un último sitio, el Mirador de nuestra señora del Monte... Impresionante,sublime... Justos los últimos rayos de sol iluminan algunos techos de la capital lusa, el otoño, la luz se vuelve materica , me siento bien en esta ciudad, tan decadente, tan natural, con sus pequeños negocios absurdo; zapatero-oculista, tiendas de muelles, bares supermercados mercerías, de todo. Esta ciudad esta hecha a escala humana.
Tras la puesta de sol nos despedimos del Almirante Nelson y de Bruno -hasta pronto amigos.
La vuelta al hostel es espectacular, callecitas y callejones, tenues luces, y la vida Lisboeta... Cada día me gusta más esta ciudad.
Tras salir nos detenemos en unos puestos ambulantes de tesoros de otros tiempos, rebuscando rebuscando he encontrado una maravillosa caja oxidada donde aún se le la comida serigrafía "Rebuçados Mitílicos, contra a tosse. FARMACIA CENTRAL.Oporto" esta cajita es para Inma, le encantara. La compro.
En un quiosco de la plaza tomo un café, veo como un hombre limpia el ojo de su perro, le pregunto y me cuenta que su amigo esta un poco enfermo, pero estará bien. Tierna imagen...
Seguimos el paseo, paramos en un viejo horno y compramos esas especies de súper croquetas de pollo y queso, brutales. Mi primer objetivo es llegar a un conjunto de tres edificios abandonados que han sido intervenidos por las Hollywood atrás del grafiti; Os Gemēos, Blu y San entre otros. Realmente se trata de un trabajo muy interesante, teniendo además en cuenta que están en pleno distrito financiero de la ciudad.
Seguimos paseando por mil barrios, cada uno con un carácter muy marcado, que hacen que Lisboa parezca mil ciudades. La ciudad se hace a pie.
Cuando llegamos al barrio de Anjos recuerdo que Bruno, un simpático portugués vive por allí, lo llamo y se une junto a Nelson, el Almirante Nelson a nuestra comitiva.
Bruno siempre se ríe, contagioso, vivaracho, me recuerda muchísimo a mi amigo Juanlu de Benasau.
Nos llevan al mirador de Graça donde nos reunimos con un grupo de amigos suyos. Es genial estar con nativos. Aprovecho este rato para pintar sobre lo primero que encuentro, una litrona vacía.
Al rato nos proponer ir a visitar un huerto urbano bastante próximo, con unas vistas brutales de la ciudad. Llegamos allí, y entre rábanos, acelgas, lechugas y tomates vemos como el sol empieza a bajar, a esconderse entre unas bajas nubes tras el puente del 25 de Mayo. Reímos, charlamos, y quedamos en visitar juntos el conjunto de villas de Sintra, que mejor que hacerlo con locales,. Aún me quieren enseñar un último sitio, el Mirador de nuestra señora del Monte... Impresionante,sublime... Justos los últimos rayos de sol iluminan algunos techos de la capital lusa, el otoño, la luz se vuelve materica , me siento bien en esta ciudad, tan decadente, tan natural, con sus pequeños negocios absurdo; zapatero-oculista, tiendas de muelles, bares supermercados mercerías, de todo. Esta ciudad esta hecha a escala humana.
Tras la puesta de sol nos despedimos del Almirante Nelson y de Bruno -hasta pronto amigos.
La vuelta al hostel es espectacular, callecitas y callejones, tenues luces, y la vida Lisboeta... Cada día me gusta más esta ciudad.
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